Me equivoqué desde el principio. Cuando el aire aún era aire y nuestros cuerpos aún se mantenían separados a 36 grados y medio. Me equivoqué cuando nos llenamos de ron y sábanas y silencios sólo nuestros, cuando aparecieron los primeros cantantes de ópera por las ventanas y las madrugadas de amnesia se convirtieron en ley de vida.
Me equivoco cada vez que te cierro los ojos y me marcho, cuando miro el reloj y son las tres y mierda no he ido a trabajar por tenerte un segundo y medio más entre las piernas. Cuando me dejas sabor a noche y a punto y final y estoy en el metro en hora punta y pienso incansable que siempre me han gustado más los puntos suspensivos.
Me equivoco cuando decido no gritarte que te espero. Que te espero siempre, aunque me equivoque.
Fumo demasiado, escribo demasiado, pienso demasiadas tonterías. No sé casi nada de la vida, pero tampoco le doy importancia. Conozco el dolor bien, porque un día decidió acurrucarse bajo mi almohada.Me gusta ensuciarme los pies bailando descalza de madrugada, el olor a gasolina, los abrazos de mi perro y algunas miradas que se quedaron colgadas de mis pestañas. No me gusta hacer las maletas ni la gente que habla demasiado ni que el dolor se esconda entre las sábanas. Me gusta que me leas sin conocerme de nada, porque desde este lado de la frontera resulta que eres quien mejor me conoce.